Billy Elliot es para mi una de las mejores producciones cinematográficas que he llegado a conocer nunca. La cantidad de sensaciones que te transmite la película al verla es algo tan inexplicable como bello. El amor de un padre, la crudeza de la vida, la lucha por lo que uno quiere, la no acceptación, el amor... Todo ello es tan real como confuso, y según mi punto de vista, es el motivo de que el espectador se sumerga completamente en la historia y llegue a sentirse parte de ella.
Jamás antes había tenido la oportunidad de sentir tantas cosas juntas en el cine.
Billy forma parte de una família que vive de la indústria minera. Aunque le cuesta adimitirlo, el sueño de su vida es convertirse en bailarín. Su familia no acepta este decisión y por eso, decide prepararse a escondidas para esta profesión. Diversas dificultades como por ejemplo, la vaga que se da en el sector de la minería e integra a la familia Elliot en una precaria situación económica, o la muerte de su madre, le ponen aún más difícil el llegar a la meta que ansia alcanzar.
Jamie Bell encarna a este curioso personaje, que sin duda se ha colado en el corazón de más de uno.